LA EDUCACIÓN BAJO LA LUPA.
La ceguera de la moqueta:
el divorcio entre la Conselleria y las aulas
El
gran edificio de la Avenida Campanar lleva demasiado tiempo funcionando como un
búnker acústico. Las quejas, el agotamiento y la frustración que nacen en las
aulas de la Comunitat Valenciana parecen desvanecerse en el aire mucho antes de
cruzar sus puertas giratorias. Quien haya pisado un centro educativo público en
los últimos años sabe que la maquinaria de la Conselleria de Educación de la
Generalitat Valenciana cruje, se atasca y, con alarmante frecuencia, asfixia a
quienes debería proteger. Sin embargo, en los despachos donde se toman las
decisiones, la percepción es otra. La pregunta que recorre los pasillos de
institutos y colegios no es solo por qué las cosas funcionan tan mal, sino por
qué, desde la Administración, hay tantos cargos altos e intermedios que se
niegan a admitirlo.
La
respuesta se encuentra en lo que podríamos llamar el "síndrome de la
moqueta". Cuando un profesional de la educación o un gestor político
asciende en la estructura de la Conselleria, la distancia con la realidad del
día a día se multiplica exponencialmente. La tiza y las pizarras digitales
fallidas se sustituyen por memorandos, estadísticas maquilladas y reuniones
interminables donde la disidencia no es bienvenida. En estas esferas, la
supervivencia política y administrativa depende a menudo de no ser el portador
de malas noticias. Se crea así una cámara de eco perfecta; los cargos
intermedios filtran las deficiencias para no incomodar a los altos mandos, y
los altos mandos dictan resoluciones creyendo que el sistema las absorberá con
la misma facilidad con la que se redactan en un documento de texto.
Este
aislamiento explica la crónica incapacidad de autocrítica. Cuando el inicio del
curso escolar se convierte en un calvario de adjudicaciones tardías, cuando las
plataformas de gestión colapsan en los momentos críticos, o cuando los equipos
directivos se ven sepultados bajo una burocracia kafkiana en lugar de poder
dedicarse a la pedagogía, la respuesta oficial suele ser siempre la misma;
apelar a "problemas técnicos puntuales" o ensalzar el "esfuerzo
de la comunidad educativa". Jamás se reconoce que el modelo de gestión
está estructuralmente agotado. Para el cargo intermedio que lleva años
encadenado a su silla, admitir el fracaso del sistema es admitir el suyo
propio, y el instinto de conservación siempre es más fuerte que la vocación de
servicio.
A
esto se suma una fe ciega en el decreto como herramienta mágica. Existe la
convicción, profundamente arraigada en los mandos de la Conselleria, de que
publicar una norma en el DOGV equivale automáticamente a cambiar la realidad.
No ven que imponer nuevos currículos, planes de inclusión o protocolos de
convivencia sin dotar a los centros de recursos reales, tiempo y personal, es
como intentar construir un rascacielos sobre cimientos de arena. Para ellos, el
trabajo termina cuando la norma se publica; para los docentes, es ahí cuando
empieza la pesadilla de intentar encajar directrices abstractas en aulas
masificadas.
La
triste realidad es que la educación valenciana sobrevive gracias al
sobreesfuerzo titánico de maestros, profesores, personal de administración y
equipos directivos que actúan como dique de contención frente a la inoperancia
de sus superiores. Mientras las altas esferas sigan confundiendo la gestión
educativa con el control burocrático, y mientras los mandos intermedios
prefieran mirar las hojas de cálculo antes que mirar a los ojos de un director
de instituto desesperado, el abismo seguirá creciendo. No se puede arreglar lo
que no se está dispuesto a mirar, y ya va siendo hora de que en Campanar
alguien abra las ventanas y deje entrar el ruido ensordecedor de la realidad.
Juan Manuel Sánchez
Eugenio
Ingeniero
Industrial, Ingeniero de Materiales e Ingeniero Técnico Industrial especialidad
Electricidad/Electrónica.
Profesor de
Enseñanza Secundaria (Ciclos Formativos) en la Especialidad de Sistemas
Electrotécnicos y Automatizados.
Profesor asociado en el
Área de Proyectos de Ingeniería, Departamento de Ingeniería Mecánica y Energía
en la Escuela Politécnica Superior de Elche – Universidad Miguel Hernández.
Asesor del Ámbito CTEM
(Científico, Tecnológico, Ingeniería y Matemáticas) en el CEFIRE Territorial de
Elche
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