miércoles, 4 de noviembre de 2026

 LA EDUCACIÓN BAJO LA LUPA.

La ceguera de la moqueta: el divorcio entre la Conselleria y las aulas

El gran edificio de la Avenida Campanar lleva demasiado tiempo funcionando como un búnker acústico. Las quejas, el agotamiento y la frustración que nacen en las aulas de la Comunitat Valenciana parecen desvanecerse en el aire mucho antes de cruzar sus puertas giratorias. Quien haya pisado un centro educativo público en los últimos años sabe que la maquinaria de la Conselleria de Educación de la Generalitat Valenciana cruje, se atasca y, con alarmante frecuencia, asfixia a quienes debería proteger. Sin embargo, en los despachos donde se toman las decisiones, la percepción es otra. La pregunta que recorre los pasillos de institutos y colegios no es solo por qué las cosas funcionan tan mal, sino por qué, desde la Administración, hay tantos cargos altos e intermedios que se niegan a admitirlo.

La respuesta se encuentra en lo que podríamos llamar el "síndrome de la moqueta". Cuando un profesional de la educación o un gestor político asciende en la estructura de la Conselleria, la distancia con la realidad del día a día se multiplica exponencialmente. La tiza y las pizarras digitales fallidas se sustituyen por memorandos, estadísticas maquilladas y reuniones interminables donde la disidencia no es bienvenida. En estas esferas, la supervivencia política y administrativa depende a menudo de no ser el portador de malas noticias. Se crea así una cámara de eco perfecta; los cargos intermedios filtran las deficiencias para no incomodar a los altos mandos, y los altos mandos dictan resoluciones creyendo que el sistema las absorberá con la misma facilidad con la que se redactan en un documento de texto.

Este aislamiento explica la crónica incapacidad de autocrítica. Cuando el inicio del curso escolar se convierte en un calvario de adjudicaciones tardías, cuando las plataformas de gestión colapsan en los momentos críticos, o cuando los equipos directivos se ven sepultados bajo una burocracia kafkiana en lugar de poder dedicarse a la pedagogía, la respuesta oficial suele ser siempre la misma; apelar a "problemas técnicos puntuales" o ensalzar el "esfuerzo de la comunidad educativa". Jamás se reconoce que el modelo de gestión está estructuralmente agotado. Para el cargo intermedio que lleva años encadenado a su silla, admitir el fracaso del sistema es admitir el suyo propio, y el instinto de conservación siempre es más fuerte que la vocación de servicio.

A esto se suma una fe ciega en el decreto como herramienta mágica. Existe la convicción, profundamente arraigada en los mandos de la Conselleria, de que publicar una norma en el DOGV equivale automáticamente a cambiar la realidad. No ven que imponer nuevos currículos, planes de inclusión o protocolos de convivencia sin dotar a los centros de recursos reales, tiempo y personal, es como intentar construir un rascacielos sobre cimientos de arena. Para ellos, el trabajo termina cuando la norma se publica; para los docentes, es ahí cuando empieza la pesadilla de intentar encajar directrices abstractas en aulas masificadas.

La triste realidad es que la educación valenciana sobrevive gracias al sobreesfuerzo titánico de maestros, profesores, personal de administración y equipos directivos que actúan como dique de contención frente a la inoperancia de sus superiores. Mientras las altas esferas sigan confundiendo la gestión educativa con el control burocrático, y mientras los mandos intermedios prefieran mirar las hojas de cálculo antes que mirar a los ojos de un director de instituto desesperado, el abismo seguirá creciendo. No se puede arreglar lo que no se está dispuesto a mirar, y ya va siendo hora de que en Campanar alguien abra las ventanas y deje entrar el ruido ensordecedor de la realidad.

 

Juan Manuel Sánchez Eugenio

Ingeniero Industrial, Ingeniero de Materiales e Ingeniero Técnico Industrial especialidad Electricidad/Electrónica.

Profesor de Enseñanza Secundaria (Ciclos Formativos) en la Especialidad de Sistemas Electrotécnicos y Automatizados.

Profesor asociado en el Área de Proyectos de Ingeniería, Departamento de Ingeniería Mecánica y Energía en la Escuela Politécnica Superior de Elche – Universidad Miguel Hernández.

Asesor del Ámbito CTEM (Científico, Tecnológico, Ingeniería y Matemáticas) en el CEFIRE Territorial de Elche

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