La Educación bajo la lupa: ¡¡¡Los incendios forestales en
España, un año más!!!
El fenómeno de los incendios forestales en España es un problema complejo que abarca factores climáticos, territoriales, socioeconómicos y de organización institucional. Para comprender por qué resulta tan difícil detenerlos y cómo se distribuyen las responsabilidades respecto a los recursos, es necesario analizar dos dimensiones: los factores físicos del territorio y el marco de competencias públicas.
¿Por qué es tan difícil detener los incendios forestales?
Expertos e ingenieros forestales
señalan que la dificultad para sofocar los incendios actuales supera
ampliamente la disponibilidad de camiones, hidroaviones o brigadas. Las
principales causas son:
Matorralización y abandono del
entorno rural: Durante décadas, el éxodo de la población rural y la
reducción de la ganadería extensiva, la agricultura local y la recolección de
leña han provocado una acumulación masiva de biomasa (combustible vegetal) en
los montes. El paisaje se ha vuelto continuo, denso y sin franjas de
discontinuidad.
Condiciones climáticas
extremas: Las olas de calor prolongadas, la sequía acumulada y los
episodios de baja humedad relativa y fuertes vientos resecan la vegetación,
haciendo que arda con extrema rapidez.
Incendios de "sexta
generación": En situaciones climáticas extremas, los fuegos liberan
tanta energía que modifican las condiciones meteorológicas locales a su
alrededor (creando pirocúmulos y fuertes corrientes de aire). Estos
megaincendios sobrepasan la capacidad física de extinción humana y
técnica; en sus momentos de mayor intensidad, no se pueden apagar directamente
lanzando agua hasta que cambian las condiciones del tiempo.
Causalidad e ignición: Más
del 80-90 % de los fuegos en España tienen origen humano, ya sea por
negligencias (quemas agrícolas, chispas de maquinaria, colillas) o
intencionados, a lo que se suman los rayos originados en tormentas secas.
Reparto de competencias: ¿Quién es el responsable de los medios?
El marco normativo español
(Constitución Española y Ley de Montes) distribuye las competencias entre los
distintos niveles de la Administración:
Las Comunidades Autónomas (Competencia Directa)
Gestión y prevención: Las
Comunidades Autónomas tienen la competencia exclusiva en materia de
montes, aprovechamientos forestales, prevención y extinción de incendios en su
territorio.
Medios: Son responsables
directas de contratar, dotar y organizar a los bomberos forestales, brigadas de
tierra y medios aéreos autonómicos, así como de presupuestar los planes de
prevención e inversión en el monte a lo largo del año.
El Gobierno Central (MITECO y Defensa)
Apoyo y coordinación: La
Administración General del Estado (a través del Ministerio para la Transición
Ecológica y el Reto Demográfico - MITECO) no gestiona directamente los montes
de las comunidades, sino que despliega medios estatales de cobertura
nacional para apoyar a las autonomías que lo soliciten.
Recursos del Estado:
Aporta aviones anfibios (hidroaviones operados por el Ejército del Aire), las
Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) y la Unidad Militar de
Emergencias (UME) cuando la gravedad del fuego supera la capacidad de la
comunidad y esta eleva el nivel de emergencia.
Las Entidades Locales (Ayuntamientos y Diputaciones)
Interfaz urbano-forestal:
Tienen competencias en ordenación urbana local y en la exigencia/ejecución de
franjas de protección alrededor de urbanizaciones y núcleos habitados en
contacto con el monte.
El debate técnico: ¿Falta de medios o desequilibrio en el
gasto?
Los análisis técnicos concluyen
que España cuenta con uno de los dispositivos de extinción en verano más
potentes del mundo. La crítica principal de los colectivos forestales y
ecologistas no radica en la cantidad de medios de extinción estivales, sino en
la distribución del presupuesto público:
El problema del modelo: La gran mayoría del presupuesto se destina a la extinción durante los meses de verano, mientras que la inversión en prevención (limpieza de bosques, desbroces, pastoreo adaptado, aprovechamiento de la madera y desarrollo de la economía rural) durante el resto del año suele ser insuficiente.
Vamos a intentar profundizar algo más en este tema. Que nos
quede claro que los incendios del verano se apagan en invierno
Nos podríamos hacer miles de
preguntas al respecto, pero la conclusión al final siempre sería la misma.
Sí, existen medios reales y
herramientas efectivas, aunque es crucial matizar qué entendemos por
"evitar": es imposible eliminar el riesgo a cero debido al clima
mediterráneo y al impacto del mal llamado cambio climático, pero sí se puede
mitigar drásticamente la frecuencia de los fuegos y evitar que se conviertan en
Grandes Incendios Forestales.
A corto plazo (de semanas a pocos
meses de margen) la estrategia no pasa por cambiar el modelo forestal —algo que
requiere años—, sino por la gestión directa del combustible vegetal, la
tecnología de detección precoz y la disciplina organizativa.
Medios de prevención y gestión directa a corto plazo
El problema principal de los
montes españoles es la sobrecarga de biomasa (maleza, matorral, ramas secas)
debido al abandono rural. Las actuaciones inmediatas más eficaces son:
Ganadería extensiva
("pastoreo contraincendios"): En comunidades como Andalucía (red
RAPCA), la Comunitat Valenciana o Cataluña se paga a los ganaderos para que sus
rebaños de ovejas y cabras pasten en fajas estratégicas y cortafuegos. Es una
de las herramientas más baratas y eficientes para mantener limpia la vegetación
baja antes del verano.
Fajas de protección en la
interfaz urbano-forestal: Limpieza obligatoria de un perímetro de seguridad
(habitualmente de 25 a 50 metros) alrededor de urbanizaciones, pueblos e
infraestructuras en el monte. Limpiar la vegetación muerta en los accesos antes
de julio evita la propagación del fuego a zonas habitadas.
Tratamientos selvícolas de
choque: Desbroces mecanizados, podas bajas y aclareos selectivos en puntos
estratégicos del territorio (los denominados "puntos estratégicos de
gestión") para romper la continuidad de la masa forestal.
Restricciones y regulación
estricta: Prohibición temporal de quemas agrícolas, uso de maquinaria
pesada o radiales en el monte en días de alerta por ola de calor o viento
fuerte (regla del 30-30-30: más de 30 °C, menos de 30% de humedad y vientos de
más de 30 km/h).
Tecnología y respuesta ultrarrápida
Para evitar que un conato de
incendio se convierta en un gran fuego descontrolado, el factor tiempo en la
primera media hora es clave:
Cámaras térmicas e IA de
vigilancia: Redes de cámaras de alta definición con sensores infrarrojos e
inteligencia artificial instaladas en torres de vigilancia para detectar
columnas de humo en minutos, incluso de noche.
Monitoreo satelital en tiempo
real: Uso de satélites (como la constelación Sentinel de Copernicus o los
satélites de la NASA) y drones térmicos para detectar puntos calientes y guiar
a las brigadas sobre el terreno.
Operativos integrados durante
todo el año: La profesionalización de los operativos de prevención y
extinción para que no se constituyan solo en julio y agosto, permitiendo que
las brigadas estén activas, coordinadas y posicionadas desde el inicio de la
campaña estival.
Principales obstáculos por resolver
A pesar de existir estas
herramientas, el margen de actuación a corto plazo choca frecuentemente con
tres barreras:
La propiedad privada del
monte: Alrededor del 70% de la superficie forestal en España es de
propiedad privada, a menudo dividida en minifundios de dueños desconocidos o no
localizables, lo que dificulta la obligación legal de mantener limpios los
terrenos.
Coordinación burocrática:
La gestión de incendios depende de las Comunidades Autónomas, mientras que
ciertos apoyos (como la UME o los medios aéreos del Ministerio) son estatales.
La falta de un mando o protocolo único homogeneizado a nivel nacional a veces
retrasa las actuaciones.
El enfoque centrado en la
extinción y no en la gestión: Históricamente, la mayor parte del
presupuesto se destina a apagar el fuego en verano (helicópteros, hidroaviones)
en lugar de invertir durante el otoño e invierno en la preparación y
mantenimiento del paisaje.
Vamos a hacernos la pregunta del millón: ¿Hay algún producto para la lucha contra el incendio?
La respuesta es SI.
El producto revolucionario
anunciado y demostrado en El Hormiguero para la extinción y prevención
de incendios es Ecofire.
Presentado en el programa por su
inventor, el empresario aragonés César Sallén (junto a Marron y Pablo
Motos), se trata de un fluido ecológico que llamó enormemente la atención por
sus propiedades:
¿Cómo funciona y qué características tiene?
Bloqueador térmico y no un
mero retardante: A diferencia del agua o los retardantes habituales,
Ecofire actúa como una barrera o "escudo". Lo que se impregna con
este líquido no arde, permitiendo crear cortafuegos preventivos en vegetación,
granjas o perímetros urbanos.
Hasta 100 veces más eficaz que
el agua: Aísla el material del oxígeno de manera inmediata y reduce
drásticamente la temperatura.
100% Ecológico y
biodegradable: Es completamente inocuo para el medio ambiente, los animales
y las personas, y no acidifica ni contamina el suelo.
Efecto duradero: Permanece
en la vegetación o superficie donde se aplica hasta que es lavado por lluvia
abundante.
Eficaz contra baterías de
litio: Además de incendios forestales y agrícolas, ha demostrado ser muy
efectivo extinguiendo fuegos en baterías eléctricas y vehículos, los cuales
suelen ser muy difíciles de apagar con agua tradicional.
Aunque Ecofire demostró un
rendimiento espectacular en plató y cuenta con un gran potencial, su
implantación masiva a gran escala en los operativos oficiales de extinción e
infraestructuras forestales enfrenta varios desafíos técnicos, logísticos y
administrativos:
El gran reto de la logística y el volumen
El agua sigue siendo
"gratis" y abundante en el terreno: El gran valor del agua en la
extinción forestal es que se puede cargar directamente de embalses, mares o
ríos en cuestión de minutos mediante hidroaviones, helicópteros o autobombas.
Cadena de suministro pesada: Llevar miles de litros de un producto concentrado o premezclado a zonas de montaña de difícil acceso exige una infraestructura logística enorme (camiones cisterna dedicados, puntos de mezcla y repostaje específico).
Homologaciones y normativas europeas
Certificaciones
internacionales estrictas: Para que los medios aéreos estatales (como los
aviones apagafuegos del Ejército del Aire o el Ministerio) o los bomberos
autonómicos utilicen un producto químico nuevo de forma masiva, este debe pasar
por exhaustivos, largos y costosos procesos de homologación técnica (normas
NATO/OTAN, estándares de aviación militar, ensayos de toxicidad acuática a gran
escala, etc.).
Compatibilidad con la
maquinaria: Es necesario verificar que los componentes del producto no
corroan ni obstruyan con el tiempo las bombas, conducciones y depósitos de los
camiones de bomberos o los sistemas de pulverización de los aviones.
Costes económicos de
despliegue
Inversión inicial frente a
presupuestos públicos: Aunque a la larga puede ahorrar millones al evitar
la destrucción por fuego, el coste por litro de un producto formulado siempre
será superior al coste del agua tratada o de los retardantes clásicos (como polifosfatos
de amonio ya estandarizados y comprados en grandes licitaciones públicas).
Adaptación de licitaciones
públicas: Las administraciones públicas funcionan mediante pliegos de
contratación muy rígidos que suelen renovarse cada varios años. Introducir una
tecnología disruptiva exige modificar las condiciones de los concursos
públicos.
¿Dónde es más viable a corto plazo?
Por estas razones, la
implantación de este tipo de soluciones no suele empezar sustituyendo de golpe
a los aviones del Estado, sino en usos de nicho muy estratégicos:
Protección preventiva de fajas
periurbanas: Aplicarlo en el perímetro de urbanizaciones, gasolineras,
torres de alta tensión o granjas antes de que llegue el fuego.
Cuerpo de bomberos urbanos e industriales: Para fuegos de alto riesgo y difícil extinción con agua, como baterías de vehículos eléctricos o naves industriales.
Uso privado y agrícola:
Por parte de agricultores para proteger sus cosechas (maquinaria cosechadora) o
fincas privadas en momentos críticos de riesgo.
En conclusión:
Volvemos a tropezar con la jodida
burocracia y parece ser que soluciones haberlas las hay, pero es preferible no
intentar buscar la forma de implantarlas debido a los altos costes y se
prefiere ver como todos los veranos en España se nos queman los pulmones,
nuestros queridos y tan necesarios bosques.
Pues nada sigamos así y echémosle
la culpa a ese mal llamado cambio climático.
Que buena escusa tiene este
gobierno que prefiere gastar el dinero del contribuyente en crear grupos de
asesores, esos científicos que apoyan al gobierno y sobre todo al cambio
climático, jajajaja, perdonen ustedes que me ría, pero, así nos va.
-
Ingeniero
Industrial
-
Ingeniero de
Materiales
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Ingeniero Técnico
Industrial especialidad Electricidad/Electrónica
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Máster en Gestión
Ambiental
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Máster en
Evaluación de Impacto Ambiental
-
Profesor de
Enseñanza Secundaria (Ciclos Formativos) en la especialidad de Sistemas
Electrotécnicos y Automáticos
-
Profesor Asociado
del Área de Proyectos de Ingeniería del Departamento de Ingeniería Mecánica y
Energía en la Escuela Politécnica Superior de Elche-Universidad Miguel
Hernández
-
Asesor del Ámbito
CTEM (Científico, Tecnológico, Ingeniería y Matemáticas) en el CEFIRE
Territorial de Elche
