viernes, 31 de julio de 2026

 

La Educación bajo la lupa: ¡¡¡Los incendios forestales en España, un año más!!!

El fenómeno de los incendios forestales en España es un problema complejo que abarca factores climáticos, territoriales, socioeconómicos y de organización institucional. Para comprender por qué resulta tan difícil detenerlos y cómo se distribuyen las responsabilidades respecto a los recursos, es necesario analizar dos dimensiones: los factores físicos del territorio y el marco de competencias públicas.

¿Por qué es tan difícil detener los incendios forestales?

Expertos e ingenieros forestales señalan que la dificultad para sofocar los incendios actuales supera ampliamente la disponibilidad de camiones, hidroaviones o brigadas. Las principales causas son:

Matorralización y abandono del entorno rural: Durante décadas, el éxodo de la población rural y la reducción de la ganadería extensiva, la agricultura local y la recolección de leña han provocado una acumulación masiva de biomasa (combustible vegetal) en los montes. El paisaje se ha vuelto continuo, denso y sin franjas de discontinuidad.

Condiciones climáticas extremas: Las olas de calor prolongadas, la sequía acumulada y los episodios de baja humedad relativa y fuertes vientos resecan la vegetación, haciendo que arda con extrema rapidez.

Incendios de "sexta generación": En situaciones climáticas extremas, los fuegos liberan tanta energía que modifican las condiciones meteorológicas locales a su alrededor (creando pirocúmulos y fuertes corrientes de aire). Estos megaincendios sobrepasan la capacidad física de extinción humana y técnica; en sus momentos de mayor intensidad, no se pueden apagar directamente lanzando agua hasta que cambian las condiciones del tiempo.

Causalidad e ignición: Más del 80-90 % de los fuegos en España tienen origen humano, ya sea por negligencias (quemas agrícolas, chispas de maquinaria, colillas) o intencionados, a lo que se suman los rayos originados en tormentas secas.

Reparto de competencias: ¿Quién es el responsable de los medios?

El marco normativo español (Constitución Española y Ley de Montes) distribuye las competencias entre los distintos niveles de la Administración:

Las Comunidades Autónomas (Competencia Directa)

Gestión y prevención: Las Comunidades Autónomas tienen la competencia exclusiva en materia de montes, aprovechamientos forestales, prevención y extinción de incendios en su territorio.

Medios: Son responsables directas de contratar, dotar y organizar a los bomberos forestales, brigadas de tierra y medios aéreos autonómicos, así como de presupuestar los planes de prevención e inversión en el monte a lo largo del año.

El Gobierno Central (MITECO y Defensa)

Apoyo y coordinación: La Administración General del Estado (a través del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico - MITECO) no gestiona directamente los montes de las comunidades, sino que despliega medios estatales de cobertura nacional para apoyar a las autonomías que lo soliciten.

Recursos del Estado: Aporta aviones anfibios (hidroaviones operados por el Ejército del Aire), las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) y la Unidad Militar de Emergencias (UME) cuando la gravedad del fuego supera la capacidad de la comunidad y esta eleva el nivel de emergencia.

Las Entidades Locales (Ayuntamientos y Diputaciones)

Interfaz urbano-forestal: Tienen competencias en ordenación urbana local y en la exigencia/ejecución de franjas de protección alrededor de urbanizaciones y núcleos habitados en contacto con el monte.

El debate técnico: ¿Falta de medios o desequilibrio en el gasto?

Los análisis técnicos concluyen que España cuenta con uno de los dispositivos de extinción en verano más potentes del mundo. La crítica principal de los colectivos forestales y ecologistas no radica en la cantidad de medios de extinción estivales, sino en la distribución del presupuesto público:

El problema del modelo: La gran mayoría del presupuesto se destina a la extinción durante los meses de verano, mientras que la inversión en prevención (limpieza de bosques, desbroces, pastoreo adaptado, aprovechamiento de la madera y desarrollo de la economía rural) durante el resto del año suele ser insuficiente.

Vamos a intentar profundizar algo más en este tema. Que nos quede claro que los incendios del verano se apagan en invierno

Nos podríamos hacer miles de preguntas al respecto, pero la conclusión al final siempre sería la misma.

Sí, existen medios reales y herramientas efectivas, aunque es crucial matizar qué entendemos por "evitar": es imposible eliminar el riesgo a cero debido al clima mediterráneo y al impacto del mal llamado cambio climático, pero sí se puede mitigar drásticamente la frecuencia de los fuegos y evitar que se conviertan en Grandes Incendios Forestales.

A corto plazo (de semanas a pocos meses de margen) la estrategia no pasa por cambiar el modelo forestal —algo que requiere años—, sino por la gestión directa del combustible vegetal, la tecnología de detección precoz y la disciplina organizativa.

Medios de prevención y gestión directa a corto plazo

El problema principal de los montes españoles es la sobrecarga de biomasa (maleza, matorral, ramas secas) debido al abandono rural. Las actuaciones inmediatas más eficaces son:

Ganadería extensiva ("pastoreo contraincendios"): En comunidades como Andalucía (red RAPCA), la Comunitat Valenciana o Cataluña se paga a los ganaderos para que sus rebaños de ovejas y cabras pasten en fajas estratégicas y cortafuegos. Es una de las herramientas más baratas y eficientes para mantener limpia la vegetación baja antes del verano.

Fajas de protección en la interfaz urbano-forestal: Limpieza obligatoria de un perímetro de seguridad (habitualmente de 25 a 50 metros) alrededor de urbanizaciones, pueblos e infraestructuras en el monte. Limpiar la vegetación muerta en los accesos antes de julio evita la propagación del fuego a zonas habitadas.

Tratamientos selvícolas de choque: Desbroces mecanizados, podas bajas y aclareos selectivos en puntos estratégicos del territorio (los denominados "puntos estratégicos de gestión") para romper la continuidad de la masa forestal.

Restricciones y regulación estricta: Prohibición temporal de quemas agrícolas, uso de maquinaria pesada o radiales en el monte en días de alerta por ola de calor o viento fuerte (regla del 30-30-30: más de 30 °C, menos de 30% de humedad y vientos de más de 30 km/h).

Tecnología y respuesta ultrarrápida

Para evitar que un conato de incendio se convierta en un gran fuego descontrolado, el factor tiempo en la primera media hora es clave:

Cámaras térmicas e IA de vigilancia: Redes de cámaras de alta definición con sensores infrarrojos e inteligencia artificial instaladas en torres de vigilancia para detectar columnas de humo en minutos, incluso de noche.

Monitoreo satelital en tiempo real: Uso de satélites (como la constelación Sentinel de Copernicus o los satélites de la NASA) y drones térmicos para detectar puntos calientes y guiar a las brigadas sobre el terreno.

Operativos integrados durante todo el año: La profesionalización de los operativos de prevención y extinción para que no se constituyan solo en julio y agosto, permitiendo que las brigadas estén activas, coordinadas y posicionadas desde el inicio de la campaña estival.

Principales obstáculos por resolver

A pesar de existir estas herramientas, el margen de actuación a corto plazo choca frecuentemente con tres barreras:

La propiedad privada del monte: Alrededor del 70% de la superficie forestal en España es de propiedad privada, a menudo dividida en minifundios de dueños desconocidos o no localizables, lo que dificulta la obligación legal de mantener limpios los terrenos.

Coordinación burocrática: La gestión de incendios depende de las Comunidades Autónomas, mientras que ciertos apoyos (como la UME o los medios aéreos del Ministerio) son estatales. La falta de un mando o protocolo único homogeneizado a nivel nacional a veces retrasa las actuaciones.

El enfoque centrado en la extinción y no en la gestión: Históricamente, la mayor parte del presupuesto se destina a apagar el fuego en verano (helicópteros, hidroaviones) en lugar de invertir durante el otoño e invierno en la preparación y mantenimiento del paisaje.

Vamos a hacernos la pregunta del millón: ¿Hay algún producto para la lucha contra el incendio?

La respuesta es SI.

El producto revolucionario anunciado y demostrado en El Hormiguero para la extinción y prevención de incendios es Ecofire.

Presentado en el programa por su inventor, el empresario aragonés César Sallén (junto a Marron y Pablo Motos), se trata de un fluido ecológico que llamó enormemente la atención por sus propiedades:

¿Cómo funciona y qué características tiene?

Bloqueador térmico y no un mero retardante: A diferencia del agua o los retardantes habituales, Ecofire actúa como una barrera o "escudo". Lo que se impregna con este líquido no arde, permitiendo crear cortafuegos preventivos en vegetación, granjas o perímetros urbanos.

Hasta 100 veces más eficaz que el agua: Aísla el material del oxígeno de manera inmediata y reduce drásticamente la temperatura.

100% Ecológico y biodegradable: Es completamente inocuo para el medio ambiente, los animales y las personas, y no acidifica ni contamina el suelo.

Efecto duradero: Permanece en la vegetación o superficie donde se aplica hasta que es lavado por lluvia abundante.

Eficaz contra baterías de litio: Además de incendios forestales y agrícolas, ha demostrado ser muy efectivo extinguiendo fuegos en baterías eléctricas y vehículos, los cuales suelen ser muy difíciles de apagar con agua tradicional.

Aunque Ecofire demostró un rendimiento espectacular en plató y cuenta con un gran potencial, su implantación masiva a gran escala en los operativos oficiales de extinción e infraestructuras forestales enfrenta varios desafíos técnicos, logísticos y administrativos:

El gran reto de la logística y el volumen

El agua sigue siendo "gratis" y abundante en el terreno: El gran valor del agua en la extinción forestal es que se puede cargar directamente de embalses, mares o ríos en cuestión de minutos mediante hidroaviones, helicópteros o autobombas.

Cadena de suministro pesada: Llevar miles de litros de un producto concentrado o premezclado a zonas de montaña de difícil acceso exige una infraestructura logística enorme (camiones cisterna dedicados, puntos de mezcla y repostaje específico).

Homologaciones y normativas europeas

Certificaciones internacionales estrictas: Para que los medios aéreos estatales (como los aviones apagafuegos del Ejército del Aire o el Ministerio) o los bomberos autonómicos utilicen un producto químico nuevo de forma masiva, este debe pasar por exhaustivos, largos y costosos procesos de homologación técnica (normas NATO/OTAN, estándares de aviación militar, ensayos de toxicidad acuática a gran escala, etc.).

Compatibilidad con la maquinaria: Es necesario verificar que los componentes del producto no corroan ni obstruyan con el tiempo las bombas, conducciones y depósitos de los camiones de bomberos o los sistemas de pulverización de los aviones.

 Costes económicos de despliegue

Inversión inicial frente a presupuestos públicos: Aunque a la larga puede ahorrar millones al evitar la destrucción por fuego, el coste por litro de un producto formulado siempre será superior al coste del agua tratada o de los retardantes clásicos (como polifosfatos de amonio ya estandarizados y comprados en grandes licitaciones públicas).

Adaptación de licitaciones públicas: Las administraciones públicas funcionan mediante pliegos de contratación muy rígidos que suelen renovarse cada varios años. Introducir una tecnología disruptiva exige modificar las condiciones de los concursos públicos.

¿Dónde es más viable a corto plazo?

Por estas razones, la implantación de este tipo de soluciones no suele empezar sustituyendo de golpe a los aviones del Estado, sino en usos de nicho muy estratégicos:

Protección preventiva de fajas periurbanas: Aplicarlo en el perímetro de urbanizaciones, gasolineras, torres de alta tensión o granjas antes de que llegue el fuego.

Cuerpo de bomberos urbanos e industriales: Para fuegos de alto riesgo y difícil extinción con agua, como baterías de vehículos eléctricos o naves industriales.

Uso privado y agrícola: Por parte de agricultores para proteger sus cosechas (maquinaria cosechadora) o fincas privadas en momentos críticos de riesgo.

En conclusión:

Volvemos a tropezar con la jodida burocracia y parece ser que soluciones haberlas las hay, pero es preferible no intentar buscar la forma de implantarlas debido a los altos costes y se prefiere ver como todos los veranos en España se nos queman los pulmones, nuestros queridos y tan necesarios bosques.

Pues nada sigamos así y echémosle la culpa a ese mal llamado cambio climático.

Que buena escusa tiene este gobierno que prefiere gastar el dinero del contribuyente en crear grupos de asesores, esos científicos que apoyan al gobierno y sobre todo al cambio climático, jajajaja, perdonen ustedes que me ría, pero,  así nos va.

 Juan Manuel Sánchez Eugenio

-          Ingeniero Industrial

-          Ingeniero de Materiales

-          Ingeniero Técnico Industrial especialidad Electricidad/Electrónica

-          Máster en Gestión Ambiental

-          Máster en Evaluación de Impacto Ambiental

-          Profesor de Enseñanza Secundaria (Ciclos Formativos) en la especialidad de Sistemas Electrotécnicos y Automáticos

-          Profesor Asociado del Área de Proyectos de Ingeniería del Departamento de Ingeniería Mecánica y Energía en la Escuela Politécnica Superior de Elche-Universidad Miguel Hernández

-          Asesor del Ámbito CTEM (Científico, Tecnológico, Ingeniería y Matemáticas) en el CEFIRE Territorial de Elche

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