Bajo la lupa: Incendios forestales agosto del 2025
El verano de las cenizas: Un
análisis exhaustivo de la catástrofe generada por los incendios forestales en
España 2025, sus causas estructurales y el camino hacia un territorio más
estable.
Resumen
El verano de
2025 ha marcado un punto de inflexión en la historia reciente de España en lo
que respecta a los incendios forestales. Las cifras de devastación lo sitúan
como uno de los años más trágicos y destructivos del siglo, con una superficie
calcinada que superó con creces la media de las últimas décadas. Esta
emergencia civil y ambiental ha puesto de manifiesto la insuficiencia de un
modelo de gestión basado casi exclusivamente en la extinción y ha revelado la
urgencia de abordar las causas estructurales del problema. La catástrofe de
este año no es un evento aislado, sino la consecuencia de la convergencia de
una mal llamada crisis climática acelerada, que exacerba las condiciones para
la propagación del fuego, y el profundo abandono del medio rural, que ha
transformado el paisaje en un vasto y continuo "polvorín". En
respuesta a esta nueva realidad, la comunidad de expertos y las organizaciones
medioambientales han propuesto un cambio de paradigma: la única solución viable
y sostenible a largo plazo es una inversión masiva y estratégica en prevención
y en la gestión integral del territorio. Esto implica una redefinición de las
políticas públicas, una reforma fiscal y la promoción de la corresponsabilidad
ciudadana, con el objetivo de construir un paisaje más estable y menos
vulnerable a los eventos extremos que, según todas las previsiones, serán cada
vez más frecuentes.
La Geografía del fuego: balance y consecuencias del verano
2025
Las cifras de la devastación: superficie, focos y víctimas
El verano de
2025 está dejando una huella imborrable de destrucción en el paisaje español.
Los datos provisionales del Sistema Europeo de Información sobre Incendios
Forestales (EFFIS) indican que el fuego ha arrasado más de 343000 hectáreas
(ha) en lo que va de año, una cifra que otras fuentes elevan a 348000 ha. Esta
devastación ha convertido a 2025 en el peor año del siglo en superficie quemada
y el más grave en tres décadas. La mayor parte de la superficie quemada se
concentró en este mes de agosto, un periodo que por sí solo acumuló más de
300.000 ha calcinadas en el país y un total de 20 grandes incendios forestales
(GIF).
La geografía
del fuego se ha centrado principalmente en el "tercio occidental" de
la península, con una especial y dramática incidencia en las comunidades de
Galicia, Castilla y León, y Extremadura. Entre los fuegos más virulentos se
encuentran el de Uña de Quintana en Zamora y el de Chandrexa de Queixa en
Ourense, que figuran entre los mayores incendios del siglo. En Extremadura, el
fuego de Jarilla se ha convertido en un símbolo de la crisis al consumir más de
11000 ha. El impacto humano y social ha sido igualmente devastador. El balance
provisional de víctimas asciende a cuatro personas en España y un total de
siete en la península ibérica, entre bomberos, voluntarios y civiles. Miles de
personas han tenido que ser evacuadas o confinadas, y los daños directos se han
extendido a viviendas, explotaciones agrícolas y otras infraestructuras rurales
y periurbanas.
A continuación,
se presenta un balance provisional de la catástrofe para ofrecer una visión
consolidada y cuantitativa de su magnitud:
|
Concepto
|
Cifra
(provisional)
|
Principales
Zonas Afectadas
|
|
Hectáreas
totales quemadas
|
> 343000
ha
|
Galicia,
Castilla y León, Extremadura
|
|
Grandes
incendios forestales (GIF)
|
20
(concentrados en agosto)
|
Zamora,
Ourense, Cáceres
|
|
Víctimas
mortales
|
4 (en
España)
|
Diversas
zonas, incluyendo bomberos y civiles
|
|
Personas
evacuadas
|
Miles
|
Múltiples
municipios en zonas de riesgo
|
Fuentes: EFFIS,
MITECO, Eltiempo.es, Infobae, AFP, WWF.
El verano de 2025 en perspectiva histórica
El dramático
repunte de la superficie quemada en 2025 debe ser contextualizado para
comprender la verdadera naturaleza del problema. Si bien las cifras son
alarmantes, es importante destacar que el récord histórico de 484000 ha quemadas, establecido en 1985,
aún no ha sido superado. Sin embargo, el análisis de las tendencias a largo
plazo revela un cambio de paradigma fundamental. Aunque la superficie total
incendiada en el Mediterráneo ha disminuido desde 1985, y la cantidad de
incendios se redujo entre 2000 y 2009, el verano de 2025 demuestra que esta
mejora estadística esconde una realidad mucho más peligrosa.
La clave no
reside en la cantidad total de fuegos, sino en la intensidad y el
comportamiento de los más destructivos. El problema actual no es una regresión
a las dinámicas del siglo pasado, sino una evolución del fenómeno. Los expertos
describen los incendios de este verano como "fuegos de sexta
generación," caracterizados por su comportamiento "explosivo”, su
capacidad para crear sus propias condiciones atmosféricas y su resistencia a
los métodos de extinción convencionales. A diferencia de los incendios
tradicionales, estos superincendios son eventos de baja frecuencia, pero de una
intensidad y un alcance sin precedentes. Un solo incendio puede consumir en
pocos días lo que antes tardaba años en arder, anulando cualquier estadística
de mejora acumulada y demostrando que las estrategias de contención
tradicionales ya no son viables.
La siguiente
tabla ilustra el "despunte" de 2025 y lo sitúa en el contexto de la
última década, evidenciando el cambio de tendencia:
|
Año
|
Superficie
Quemada (ha)
|
|
2006-2024
(Media)
|
~100000 ha
|
|
2025
|
> 343000
ha
|
Fuentes:
MITECO, EFFIS, El Salto Diario.
Consecuencias
socioeconómicas y ecológicas
Las secuelas
del verano de 2025 han trascendido la mera emergencia civil. El impacto
económico y social de los incendios plantea un desafío sistémico para el sector
asegurador y para la estabilidad del país en su conjunto. Los daños directos en
viviendas, explotaciones agrícolas y ganaderas, y las interrupciones en el
turismo y el transporte han puesto en el punto de mira el riesgo de los
"incendios de interfaz urbano forestal," que amenazan directamente
las zonas habitadas.
La magnitud
de las pérdidas ha obligado a la industria aseguradora a reevaluar sus modelos
de riesgo. Los incendios ya no son vistos como eventos puntuales, sino como un
riesgo estructural que exige un replanteamiento de las coberturas. La
innovación en productos como los "seguros paramétricos," que se
activan automáticamente al alcanzarse ciertos parámetros climáticos, refleja
esta nueva perspectiva. Este cambio en la percepción, del sector privado a la
hora de gestionar el riesgo, subraya que la solución a los incendios no puede ser
solo una responsabilidad pública. Requiere una colaboración público-privada que
integre la prevención en la gestión de riesgos y fomente la corresponsabilidad
de todos los actores. El coste económico de los incendios no se limita a las
pérdidas materiales, sino que también erosiona la confianza y la seguridad de
quienes viven en zonas vulnerables, lo que refuerza la necesidad de una
inversión estratégica y coordinada en prevención.
Un polvorín
estructural: Análisis de las causas subyacentes
El factor
climático: El cambio del ciclo del agua y los "incendios de sexta generación"
Los expertos
señalan que el cambio climático ya no es una teoría, sino una "evidencia
ardiente". Su rol en la amplificación de la frecuencia, intensidad y
destrucción de los incendios de este verano es incuestionable. Esta dinámica se
debe a un ciclo hidrológico cada vez más extremo. En el caso de 2025, una
primavera inusualmente lluviosa generó una explosión de vegetación que, con la
llegada del calor extremo del verano, se transformó en una inmensa masa de
biomasa seca, actuando como el combustible ideal para la propagación del fuego.
Las olas de calor recurrentes y la sequía prolongada convirtieron el campo en
un "polvorín" listo para arder.
El resultado
son los temidos "incendios de sexta generación," que han superado la
capacidad de respuesta de los medios de extinción. Estos fuegos exhiben un
comportamiento impredecible y desbordante, con frentes que superan los 100
kilómetros, capaces de generar su propio clima y de continuar activos incluso
de noche. La región mediterránea se ha revelado como una de las zonas más
vulnerables del planeta a esta nueva amenaza. El aumento de las temperaturas
acelera la evaporación y reseca la vegetación, mientras que las olas de calor
más largas y frecuentes aumentan la ventana de riesgo, extendiendo la temporada
de incendios desde la primavera hasta el otoño.
El factor
humano: La huella de la intencionalidad y el abandono rural
Si el mal
llamado cambio climático es el amplificador, el factor humano es tanto la
chispa como el combustible estructural. Se
estima que más del 80% de los incendios que se producen en España son
provocados. Sin embargo, la motivación detrás de estos actos es más
compleja de lo que a menudo se cree. Los datos demuestran que, más allá de la
"motivación desconocida," que representa la mayor superficie quemada,
las quemas agrícolas y ganaderas son responsables de una parte significativa de
la destrucción.
La
combinación de la intencionalidad humana y el abandono del medio rural es una
de las principales causas estructurales de la catástrofe de 2025. El abandono
de las tierras no solo ha eliminado a los "vigilantes" del bosque,
sino que también ha interrumpido las prácticas de gestión del paisaje, como el pastoreo controlado y la agricultura en
mosaico, que históricamente servían como cortafuegos naturales. Las quemas,
que en un contexto de gestión activa son herramientas útiles, se convierten en
detonantes peligrosos en un paisaje homogéneo y abandonado, donde el
combustible es continuo y abundante. La categoría de "motivación
desconocida" no es solo un vacío en la investigación, sino un síntoma de
un problema más profundo y difuso: la erosión de las prácticas tradicionales y
de la conexión social con el bosque. Además,
la Ley de Montes, que prohíbe el cambio de uso forestal del suelo quemado
durante 30 años (salvo excepciones muy concretas), desmitifica la idea de que
la recalificación inmobiliaria sea el principal motivo detrás de los incendios,
orientando el foco hacia la complejidad del tejido socioeconómico rural.
A
continuación, se detalla la superficie quemada según la motivación de los
incendios intencionados, desglosando las causas y demostrando la importancia de
las actividades ligadas al sector primario:
|
Motivación
|
Número de
incendios
|
Superficie
quemada (ha)
|
|
Desconocida
|
150941
|
1606210,78
|
|
Quemas
ganaderas
|
43384
|
430716,42
|
|
Quemas
agrícolas
|
51930
|
189858,81
|
|
Pirómanos
y enfermos mentales
|
14208
|
137231,44
|
|
Favorecer
la caza
|
5035
|
73859,41
|
Fuente:
Civio.es.
Hacia un
nuevo paradigma: Estrategias para un territorio más estable.
Priorizando
la Prevención y la Gestión del Paisaje
El consenso
entre expertos y organizaciones es unánime: la extinción por sí sola no es
suficiente para enfrentarse a los "superincendios". La única
respuesta efectiva a largo plazo es una profunda política de prevención y
gestión del paisaje a gran escala. Este nuevo paradigma busca hacer el
territorio "menos inflamable" y "más estable" al fuego. Las
soluciones propuestas se centran en la creación de "paisajes en
mosaico" que rompan la continuidad del combustible, alternando áreas de
bosque con espacios abiertos como pastos o cultivos.
Para
lograrlo, se propone el fomento de usos tradicionales como el "pastoreo controlado", que se
ha revelado como una herramienta fundamental en la reducción de la biomasa.
Ejemplos innovadores como el de los "burros bomberos" en Doñana
demuestran que estas prácticas, cuando se profesionalizan, son un complemento
indispensable para la prevención. Además, se defiende el uso de "quemas
prescritas" como una herramienta de gestión controlada para reducir la
carga de combustible de forma segura. Para que estas medidas sean viables, es
esencial reorientar las ayudas públicas, como las de la Política Agraria Común
(PAC), hacia modelos agroforestales sostenibles y la ganadería extensiva,
haciendo económicamente rentable la gestión del monte.
Adaptando
los medios de extinción al nuevo escenario
A pesar de
la primacía de la prevención, los expertos coinciden en que es necesario
adaptar los dispositivos de extinción a la nueva realidad de los incendios.
España cuenta con un cuerpo de defensa altamente experimentado, con recursos
aéreos como los Aviones Anfibios (FOCA y ALFA), Aviones de Carga en Tierra
(TANGO) y diversos tipos de helicópteros bombarderos (KILO y MIKE). El Plan
Infoca de Andalucía, por ejemplo, moviliza a más de 3600 profesionales y 40
aeronaves. Sin embargo, la magnitud de los incendios de 2025 ha generado un
debate sobre la suficiencia de los medios. Un ex teniente general de la Unidad
Militar de Emergencias (UME) ha señalado que los incendios de este año son
"diferentes" y "más difíciles de atacar y apagar", abogando
por un aumento en los recursos aéreos y una reevaluación del tamaño de la UME,
ya que la situación actual los sobrepasa. En respuesta a la emergencia, los
gobiernos, como el de Castilla-La Mancha y Extremadura, han reforzado su
cooperación con protocolos de colaboración. El Gobierno central, por su parte, ha adelantado el inicio de la
campaña estatal de incendios a junio, una señal de la creciente amenaza.
El papel de
la política pública: Legislación, financiación y gobernanza
El problema
de los incendios requiere una respuesta política (inexistente hasta la fecha) a la altura de su complejidad.
Expertos y organizaciones han propuesto medidas clave para una gobernanza más
efectiva. Es fundamental la aprobación de un acuerdo consensuado para la
gestión de incendios, que garantice una estrategia a largo plazo sin importar
el ciclo político. Este acuerdo debe ir acompañado de una inversión ambiciosa,
con una propuesta de 1000 millones de
euros anuales destinados a la gestión de 260000 ha forestales, priorizando
las zonas más vulnerables.
Además, se
ha planteado la necesidad de un marco regulatorio integral que establezca
criterios comunes, identifique Zonas de Alto Riesgo (ZARI) y regule el uso de
quemas prescritas. Las propuestas
incluyen también un paquete de medidas fiscales que incentiven la gestión
sostenible del monte, como deducciones en impuestos para los propietarios que
inviertan en la conservación de sus terrenos. La legislación vigente, como
la Ley de Montes y las "Orientaciones Estratégicas para la Gestión de
Incendios Forestales," ya establecen principios de corresponsabilidad y la
necesidad de gestionar el territorio. El desafío, por tanto, no es la falta de
un marco teórico, sino la voluntad
política y la financiación para
implementar estas soluciones a gran escala y de forma coordinada.
Conclusiones
y recomendaciones estratégicas a largo plazo
El fuego
como consecuencia, no como problema único
El verano de
2025 ha sido un trágico recordatorio de que los incendios forestales ya no son
un problema estacional, sino un desafío estructural que afecta al corazón del
modelo territorial español. El fuego es el síntoma de un triple problema: el climático, el del abandono rural y el de
un paisaje degradado y homogéneo. La extinción, aunque vital y heroica, ha
demostrado ser un esfuerzo reactivo que no puede contener a los incendios de
nueva generación. El foco debe pasar de la guerra contra el fuego a la
construcción de un "paisaje estable". Esto requiere un cambio cultural
profundo, una "cultura de riesgo" y una
"corresponsabilidad" que involucren a toda la sociedad, desde los
propietarios privados hasta los ciudadanos urbanos, en la gestión y el cuidado
del territorio.
Recomendaciones
estratégicas: Inversión, corresponsabilidad y colaboración
A partir del
análisis de las causas y las propuestas de expertos, se desprenden las
siguientes recomendaciones estratégicas para asegurar la estabilidad del
territorio español:
Inversión masiva y estrategia en prevención: Es indispensable destinar un presupuesto ambicioso y
constante a la gestión forestal, como los 1000
millones de euros anuales propuestos por diversas organizaciones. Esta
inversión debe centrarse en la restauración de paisajes en mosaico, el fomento
de la ganadería extensiva y la selvicultura sostenible, y la creación de una
economía rural que haga viable el mantenimiento de los montes.
Reforma política y fiscal: Es fundamental reorientar las ayudas públicas, como
las de la PAC, hacia modelos agroforestales que promuevan la estabilidad del
paisaje. Paralelamente, se debe crear un sistema fiscal que incentive a los
propietarios y comunidades que invierten en la conservación y gestión de sus
montes, recompensando la labor de
protección ambiental.
Fortalecimiento de la gobernanza: Se necesita un marco político estable y a largo
plazo, un "acuerdo consensuado" contra los incendios el cual, debe asegurar la continuidad de las
políticas sin importar el ciclo electoral. Además, es crucial fortalecer la
coordinación entre las Comunidades Autónomas, la Administración General del
Estado y todos los actores implicados, incluyendo al sector privado y a la
sociedad civil.
Promoción de la corresponsabilidad y la educación: La prevención empieza en la conciencia ciudadana. Es
necesario lanzar programas de educación ambiental y campañas de sensibilización
para fomentar el vínculo entre la sociedad y el medio rural. En las zonas de interfaz urbano-forestal,
se deben reforzar los planes de autoprotección y la obligatoriedad de los
propietarios de desbrozar sus parcelas, entendiendo que la seguridad es una
responsabilidad compartida.
El verano de
2025 no ha sido una fatalidad inevitable, sino la manifestación de un problema
estructural que requiere una respuesta integral. La tragedia ofrece una
oportunidad para el cambio, para pasar de un modelo de emergencia a un modelo
de estabilidad que asegure el futuro de los bosques y las
comunidades en España.
Juan Manuel Sánchez Eugenio
Ingeniero Industrial–Ingeniero de Materiales e Ingeniero Técnico
Industrial especialidad electricidad
Profesor de Educación Secundaria, especialidad de Sistemas
Electrotécnicos y Automáticos
Profesor asociado del Área de Proyectos del Departamento de Ingeniería Mecánica y Energía–Escuela Politécnica Superior de
Elche–Universidad Miguel Hernández
Asesor del ámbito CTEM (Científico, Tecnológico, Ingeniería y Matemáticas) en el CEFIRE Territorial de Elche