Bajo la lupa: Reflexiones sobre el sistema educativo en la Comunidad Valenciana
Retos y percepción.
La calidad de la educación es una de las constantes preocupaciones en España, y la Comunidad Valenciana no es ninguna excepción. Cada año, los resultados de pruebas como PISA o las evaluaciones diagnósticas autonómicas reavivan un debate recurrente: se percibe un gran descenso en el nivel académico del alumnado. Atribuir esta compleja situación a una única causa sería simplista; se trata de un mosaico de factores interconectados, tanto de índole nacional como específicos del contexto de la Comunidad.
Si queremos o pretendemos entender esta realidad, es fundamental analizar los principales puntos débiles y cómo contribuyen a la percepción de un menor nivel en los estudiantes de la Comunidad Valenciana.
Uno de los problemas más arraigados y perjudiciales para el sistema educativo español, y por ende para el valenciano, es la importante inestabilidad legislativa existente. La sucesión de leyes educativas a nivel estatal (LOE, LOMCE, LOMLOE) y sus posteriores adaptaciones autonómicas, han impedido una consolidación importante e imprescindible de un modelo educativo estable y con visión de futuro.
Este "vaivén normativo" genera agotamiento y confusión en la comunidad educativa. Los docentes, directivas de centros y equipos técnicos de la Conselleria dedican un esfuerzo considerable a la adaptación a los nuevos marcos, desviando energía que podría destinarse a la innovación pedagógica y la mejora de la práctica docente. La falta de un rumbo claro y consensuado a largo plazo paraliza el que se puedan implementar con efectividad los proyectos educativos implementación efectiva de proyectos educativos, lo que repercute directamente en el aprendizaje.
b) Currículum sobrecargado y la necesidad de un enfoque por competencias real
A pesar de las reformas que buscan un enfoque por competencias, muchos currículos en la Comunidad Valenciana siguen percibiéndose como excesivamente densos y orientados a la acumulación de contenidos. Esto se contradice con la necesidad de desarrollar habilidades transversales y la capacidad de aplicar conocimientos en contextos reales.
La presión por cubrir algunos temarios a menudo lleva a una enseñanza superficial, en la que el memorizar prevalece algunas veces sobre la comprensión profunda y el pensamiento crítico. El tiempo para la experimentación, la resolución de problemas complejos o el trabajo por proyectos se reduce. Si el objetivo es "pasar de curso" memorizando datos, en lugar de comprender, analizar y aplicar, el "nivel" en habilidades clave para el siglo XXI (creatividad, resiliencia, comunicación, pensamiento crítico) se ve comprometido.
El profesorado es el motor de la educación, y en la Comunidad Valenciana, al igual que en el resto de España, se enfrenta a desafíos que impactan muchísimo en su labor:
Formación inicial: Se debate si la formación inicial prepara adecuadamente a los futuros docentes para la complejidad de las aulas, incluyendo la diversidad del alumnado y las exigencias de las nuevas metodologías.
Formación continua: A veces se percibe como insuficiente o desvinculada de las necesidades reales de los centros y del día a día del aula. En los últimos años esta formación solo se utiliza por un alto porcentaje del profesorado, para acumular las 100 h necesarias y poder conseguir el correspondiente sexenio. La solución a este problema la debería dar sin duda, la Conselleria de Educación.
Condiciones laborales: La masificación en algunas aulas, las cargas burocráticas y un reconocimiento social y salarial que no siempre están a la altura de la importancia de su función, pueden generar síndrome de burnout y afectar la motivación y la capacidad para ofrecer una atención personalizada y de calidad.
La calidad de la enseñanza está intrínsecamente ligada al bienestar, la motivación y una adecuada capacitación continua del profesorado. Un docente que no dispone de los apoyos necesarios, podríamos asegurar que verá mermada su capacidad para inspirar, innovar y guiar eficazmente a sus alumnos hacia el desarrollo de todo su potencial.
Aunque se han realizado esfuerzos, la inversión en educación en la Comunidad Valenciana, en línea con la media nacional, se sitúa por debajo de la media de países de la OCDE. Esto tiene unas importantes consecuencias directas:
Ratio alumno/profesor: Aulas con un número elevado de alumnos dificultan la atención individualizada y el seguimiento personalizado.
Infraestructuras y equipamientos: Muchos centros valencianos, especialmente los públicos, necesitan una importante modernización en sus instalaciones, equipamientos y laboratorios para adaptarse a las exigencias de la educación y el mercado laboral actual (Industria 4.0/5.0).
La disponibilidad de recursos impacta directamente en la calidad de la experiencia educativa. Menos recursos significan menor capacidad para la personalización, la innovación metodológica y la atención a la diversidad, lo que puede lastrar el desarrollo pleno de las competencias del alumnado y, por ende, su nivel.
Al igual que a nivel nacional, el sistema educativo Valenciano no es ajeno a las influencias externas:
Brecha socioeconómica: Las desigualdades sociales se traducen en desigualdades educativas. Alumnos de entornos socioeconómicos desfavorecidos pueden carecer de recursos en casa, apoyo familiar, o acceso a actividades extraescolares que refuercen su aprendizaje.
El impacto de lo digital: Las nuevas generaciones, están expuestas a un constante bombardeo de información y estímulos a través de pantallas. Esto, si bien abre nuevas vías de aprendizaje, también contribuye a problemas de atención, una menor tolerancia a la frustración ante tareas complejas y una dificultad para el procesamiento profundo de la información.
Los centros docentes, no pueden compensar por sí solos todas las desigualdades sociales. Las condiciones del hogar y las dinámicas sociales influyen en la motivación, la disciplina, las horas de estudio y el desarrollo de habilidades previas al ingreso escolar.
La percepción de un "menor nivel" en el alumnado de la Comunidad Valenciana es el resultado de un sistema educativo sometido a una inestabilidad legislativa, con currículos que a menudo no se adaptan a las necesidades del siglo XXI, un profesorado que necesita más apoyo y recursos, una infrafinanciación estructural, y un reto añadido en la gestión de la política lingüística, todo ello en un contexto social y digital en evolución constante.
Para que se pueda revertir esta situación, es imprescindible un gran acuerdo educativo en la Comunidad Valenciana, que trascienda los ciclos políticos. Se precisará el llegar a un gran pacto a largo plazo que trace una hoja de ruta clara y estable, con objetivos ambiciosos pero realistas, y que garantice esa financiación tan necesaria. Este pacto debe involucrar a toda la comunidad educativa valenciana, familias, empresas y a la sociedad en todo su conjunto, reconociendo que la educación no es un gasto, sino la inversión más estratégica para el futuro de la Comunidad. Solo así se podrá construir un sistema educativo capaz de soportar presiones siendo a su vez, innovador y capaz de potenciar el talento de los alumnos.
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Juan Manuel Sánchez Eugenio – Ingeniero Industrial – Ingeniero de Materiales e Ingeniero Técnico Industrial
Profesor de Enseñanza Secundaria en la especialidad de Sistemas Electrotécnicos y Automáticos
Profesor asociado del Área de Proyectos del Departamento de Ingeniería Mecánica y Energía – Escuela Politécnica Superior de Elche – Universidad Miguel Hernández
Asesor del ámbito CTEM – en el CEFIRE Territorial de Elche
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