La educación bajo la lupa:
Implantación de la nueva Ley de FP
La implantación de la nueva
Ley de Formación Profesional (Ley Orgánica 3/2022), que entró en vigor con
fuerza en las aulas de la Comunidad Valenciana, ha supuesto una auténtica
revolución organizativa. El gran cambio es que toda la FP pasa a ser dual,
lo que significa que el alumnado debe pisar la empresa desde el primer curso
formativo.
Aunque sobre el papel la
idea de una inmersión temprana suena excelente, la realidad de su aplicación
práctica en el territorio valenciano ha levantado una enorme ola de protestas y
críticas por parte de los sindicatos docentes (como STEPV, ANPE o CSIF) y de
los propios equipos directivos de los centros.
Los grandes puntos de
fricción de la FP Dual en la Comunidad Valenciana
El colapso burocrático:
Docentes convertidos en administrativos
La crítica más unánime
del profesorado es la ingente cantidad de "papeleo" que exige el
nuevo sistema.
Los profesores ya no solo
enseñan; ahora actúan como comerciales y gestores administrativos.
Tienen que buscar de forma activa decenas de empresas dispuestas a acoger
alumnos, redactar y firmar convenios individuales, y diseñar detallados planes
de formación adaptados a cada una de esas empresas.
En lugar de preparar las
clases o atender las dudas de los alumnos en el taller, los tutores de FP pasan
horas rellenando plantillas de evaluación por competencias y gestionando
plataformas de registro digital que muchas veces no funcionan correctamente.
El "reparto"
forzado de alumnos (La falta de tejido empresarial)
La Comunidad Valenciana
tiene un tejido empresarial compuesto de forma muy mayoritaria por pymes y
micropymes (pequeños talleres, comercios locales, oficinas con apenas dos o
tres empleados).
El problema del espacio:
Una empresa pequeña apenas tiene margen físico o de personal para tutorizar a
un alumno. Si se le obliga a acoger estudiantes desde el primer año (cuando
apenas tienen conocimientos básicos de seguridad o de la materia), la empresa
se satura.
La paradoja de los
sectores: Mientras que en sectores como la informática o la
administración es más sencillo encontrar hueco, en especialidades industriales
pesadas, químicas o de sanidad, encontrar empresas suficientes y seguras para
meter a alumnos de primer año se ha convertido en una misión imposible para los
centros de las comarcas más pequeñas.
Alumnos "mano de obra" frente a alumnos en formación
Uno de los mayores
temores de los docentes es la devaluación del "fundamento educativo"
en favor de los intereses de producción de las empresas.
Al enviar a los
estudiantes a la empresa tan pronto (en el primer curso), muchos aún no han
adquirido las competencias mínimas de seguridad ni los conceptos técnicos
básicos en el centro docente.
Los docentes denuncian
que algunas empresas, al recibir a alumnos tan poco preparados, terminan
asignándoles tareas repetitivas, mecánicas o de limpieza que aportan muy
poco a su perfil profesional, utilizándolos en la práctica como mano de obra
barata (o gratuita) en lugar de formarlos de manera integral.
La pérdida de horas de
taller y docencia directa
Para que el alumno pueda
pasar tantas horas en la empresa, se han tenido que recortar las horas de clase
presencial en el centro.
Los profesores lamentan
que se esté perdiendo el aula como espacio de debate, de ensayo-error y de
maduración.
En el instituto, si un
alumno comete un error con una máquina o un software, se analiza educativamente
y se aprende de ello. En el entorno real de una empresa sometida a ritmos de
producción y facturación, un error grave del alumno puede suponer un conflicto,
lo que genera una presión y un estrés innecesarios en estudiantes de apenas 16
o 17 años que aún no están maduros.
En resumen: Una ley
pensada para multinacionales aplicada a pymes locales
El sentir general en la
comunidad educativa valenciana es que la ley se diseñó con un modelo mental
"alemán" (pensado para grandes corporaciones industriales con
departamentos de recursos humanos dedicados exclusivamente a la formación) y se
ha encajado a la fuerza en una estructura educativa valenciana infrafinanciada
y un tejido empresarial local que no puede absorber semejante responsabilidad.
El resultado es un
sistema que funciona a base de la asfixia, el voluntarismo y las horas extra
no pagadas de los tutores de FP en los centros públicos y concertados de la
Comunitat.
Juan Manuel Sánchez Eugenio - Ingeniero Industrial
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